Ballenas francas australes

ballena franca de australia

Entre las 11 especies de ballenas hay dos denominadas francas, la ballena franca austral, con hábitat en el hemisferio sur, y la franca boreal, en el norte.

Perteneciente al suborden de los misticetos, la franca austral recibe el nombre científico de Eubalaena australis, y si bien su población era de entre 55.000 y 70.000 individuos antes de la cacería comercial, actualmente a pesar que las medidas de protección establecidas desde 1937, solo llegan a una cifra que oscila entre 12.000 y 17.000 en todo el Hemisferio Sur.

Características de las ballenas francas australes

Una de las características de las ballenas francas australes es su color uniforme oscuro y callosidades blancas que se encuentran en y alrededor de la cabeza.

Algo muy curioso tiene que ver con las callosidades, ya que vienen a representar algo similar a las huellas dactilares del ser humano, pues en cada ballena es diferente de otras, y es algo que permite identificarlas individualmente.

Están situadas en la parte más delantera de la cabeza y se le denomina “capota”, en tanto otras aparecen en el borde superior de la mandíbula inferior, detrás del orificio nasal, y por encima del ojo.

No poseen aletas dorsales, ni tampoco tienen la garganta acanalada y el espiráculo (agujero respiratorio) en su exterior está bien dividido, lo cual representa un escape en forma de V de la condensación y el vapor de agua y alcanzan un peso entre 36,000 y 73,000 kilogramos.

Las hembras, que llegan a medir 17m de largo, son más grandes que los machos, de 15m, mientras las crías, al nacer miden de 3 a 5m y pesan de 2 a 3 toneladas y en las primeras semanas de vida pueden aumentar hasta 150 kg por día.

La gestación a la cual pueden llegar cuando alcanzan a los 10 años su madurez reproductiva, dura 12 meses y el destete se produce casi ya en los finales del primer año de vida del ballenato. Como promedio, las hembras tienen una cría cada tres años.

Su comportamiento

Es común visualizar a las ballenas francas australes saltando y cayendo en el agua con la parte lateral o posterior del cuerpo, lo cual se relaciona con el propósito de desalojar los parásitos de su piel, aunque se estima que es a su vez, un mecanismo de visualización durante el apareamiento.

Otro aspecto de su comportamiento que llama la atención es la postura vertical que asumen. Entonces extienden las aletas en el aire, y se mecen regularmente hacia adelante y hacia atrás hasta dos minutos a la vez, con el fin de alimentarse de organismos bentónicos, aunque algunos investigadores estiman que se trata de una posición de reposo o un estímulo en el cortejo

Sonidos que semejan gemidos

La ballena franca austral emite gemidos y pulsos cortos y de baja frecuencia, pero también se les escucha un sonido parecido a un eructo, que promedia 1,4 segundos de largo a una frecuencia de menos de 500 Hz.

Son capaces de proferir gemidos simples en un estrecho rango de frecuencias y gemidos complejos que cambian las frecuencias y los matices, e igual emiten sonidos provocados por los impactos de las aletas y colas mientras al surcar la superficie del agua, sobre todo en los cortejos de apareamiento.

Alimentación de las ballenas francas australes

Se auxilian de su barba -dentro de su boca hay 450 barbas, de hasta 2,5 m de largo, que están hechas del mismo material que los pelos y las uñas- para lograr alimentos en pequeños plancton, incluyendo crustáceos y copépodos larvales y pelágicos, pero generalmente utilizan dos métodos de captura.

El primero tiene que ver con la alimentación de la superficie, cuando nadan con sus bocas abiertas y barbas expuestas de forma selectiva a través de manchas de plancton densamente pobladas.

Y el segundo ocurre cuando está sumergida presuntamente en poblaciones muy densas de plancton.

De hábitos costeros y nadar lento

Los hábitos costeros y su forma de nadar lento son dos elementos que han hecho de la ballena franca austral una presa más fácil de cazar, de ahí la desaparición de un gran porcentaje de su población.

En 1937 recibió protección internacional, pero su cacería continuó en algunos lugares del mundo hasta los años 70. Actualmente hay programas para su preservación y cuidado.

 

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